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Las Insignias en las Cofradías1

LAS INSIGNIAS

EN LAS COFRADÍAS

IV SESIÓN DEL CURSO DE FORMACION COFRADE DE LA HERMANDAD DE NTRO. P. JESUS CAUTIVO Y MARIA STMA. DE LA ESTRELLA

 

 

MIGUEL ANGEL ZAMBRUNO CERDÁN

25 DE ENERO DE 2013

 

 

 

LAS INSIGNIAS EN LAS COFRADÍAS

 

Buenas tardes, hermanas y hermanos, amigas y amigos, de la Hermandad del Cautivo. Permitidme tan solo un minuto, dada la brevedad del tiempo disponible, para dar las gracias al Hermano Mayor de la Hermandad y a quienes hayan hecho posible que hoy esté dirigiéndome a vosotros. Dentro de pocos días cumpliré 62 años, y unas semanas más tarde, hará 47 años que ingresé en esta Hermandad, en la que no me apuntó nadie, ni padres, ni abuelos, ni amigos… sino que vine sólo hasta aquí para quedarme para siempre, física o espiritualmente

Pues bien, en todos mis años de vida cofrade he tenido el privilegio de dar 29 pregones, más de 40 conferencias, participar en innumerables mesas redondas o actos diversos, no solo en Sanlúcar, sino también en Chipiona, Rota, El Puerto, Puerto Real, San Fernando y Jerez de la Frontera. Y ésta es la primera vez que hablo en mi Hermandad. Por eso, gracias muchas gracias. Fin del minuto solicitado.

El tema que vamos a desarrollar es el de LAS INSIGNIAS EN LAS COFRADÍAS. Y al hablar de las insignias, podemos interpretar que nos referimos a ellas como enseres, adornos, atributos o piezas de valor, que sirven para separar unos tramos de nazarenos de otros acompañadas por nazarenos con varas. Es verdad que cumplen todos esos requisitos, a los que en muchas ocasiones, se une una gran riqueza de bordados y orfebrería.

Pero no es este el sentido que voy a dar a estas palabras mías, ni siquiera voy a extenderme mucho en la historia o los orígenes de cada insignia, sino que mi deseo es tratar de hacer  ver que cada una de ellas responde a una razón de índole religiosa o de piadosa tradición, excepto en una de ellas, y bien que me daré por satisfecho si al final de esta pequeña exposición no vemos en nuestras insignias un simple elemento diferenciador entre unos nazarenos y otros.

Esto se hace más necesario de explicar en Sanlúcar, donde hasta hace poco más de treinta años, las Hermandades sólo solían llevar tres insignias en su cortejo: Cruz de Guía, Senatus y Estandarte, (o Lábaro, o Bacalao, que de las tres formas se conoce a la insignia representativa de la Hermandad).

Si no somos capaces de ver en cada insignia el sentido religioso que tiene el origen o la actualidad de la misma, estamos reduciéndolas a eso, a simples adornos, a los que cuatro hermanos que les gusta presumir de llevar “una vara” dan compañía. Y caeríamos en el error de trivializar todo el sentido de la Procesión. De la misma manera que no puede priorizarse la belleza de un paso o de sus enseres sobre la Sagrada Imagen que se porta en el mismo, no podemos conceptuar a las insignias como elementos decorativos dentro del cortejo, incurriendo con ello en un simplismo impropio de cofrades adultos y formados

Pues bien, vamos a tratar de hacer una pequeña semblanza de cada una de ellas, o al menos, de las más comunes, ya que sería imposible traer a colación la enorme cantidad y variedad de guiones, banderines o atributos que figuran en los cortejos de todas las Cofradías, subrayando aquellas que forman parte del cuerpo de nazarenos de nuestra Hermandad.

El cortejo de una Cofradía se abre, como no podía ser de otra manera, con la Cruz de Guía. Ella es el signo de nuestra Fe, el símbolo de que Jesucristo va con nosotros en el cortejo. No concebimos una celebración religiosa sin la presencia de la Cruz. Y no nos vamos a ceñir simplemente al sentido físico de dos palos de madera o de dos piezas de metal, sino también a la cruz que cada uno de nosotros cargamos en el caminar de cada día. La Cruz de Guía indica a los que ven pasar la Hermandad que ahí llega una representación sagrada, pero nos advierte a nosotros también que todo lo que se salga de ese carácter sagrado NO PUEDE TENER CABIDA en las Cofradías. Sin Cruz no hay vida cristiana, y la presencia de la Cruz obliga al cristiano a vivir la Fe conforme a esa misma Cruz.

Normalmente, la Cruz de Guía va acompañada de faroles y en algunas Cofradías sevillanas, incluso precedida de dos parejas de nazarenos con cirios encendidos. Ello nos indica que la Cruz simboliza la presencia de Jesucristo, y que Cristo es la Luz del Mundo. Esa es la luz que irradian las candelas que en los faroles o en los cirios acompañan a la Cruz de Guía. Del mismo modo  que en el lugar donde se celebra la Santa Misa, en la Mesa del Sacrificio o en el Presbiterio junto a aquella, ha de haber siempre una cruz, por pequeña que ella sea, también la liturgia indica que en el altar eucarístico han de estar encendidas dos candelas como mínimo hasta el momento de finalizar la Santa Misa. De ahí que no se conciba que la Cruz de Guía vaya sin luz encendida en ningún momento de la Procesión, y si se acaban los codales, para eso hay muchos hermanos de chaqueta, que podrían cambiar los codales agotados por otros nuevos antes de salir de la Iglesia Mayor.

En algunas cofradías sevillanas figuran junto a la Cruz de Guía bocinas iguales o semejantes a las que suelen ir cercanas a los pasos. Son una reliquia del pasado, cuando, en efecto, las procesiones de Semana Santa se abrían con el lúgubre sonido de una o varias trompetas, llamando a duelo al acercarse una representación de Jesucristo en su Pasión. Las actuales bocinas son simples piezas de metal más o menos cinceladas, pero hasta hace poco, al menos en Sanlúcar, ha habido Cofradías que han mantenido una trompeta en su cortejo, con toques funerarios. Estas Cofradías han sido las de Jesús Nazareno y Los Estudiantes.

La segunda insignia de un cortejo cofradiero es el Senatus, única de carácter pagano, por referirse al “Senado del Pueblo Romano”, bajo cuyo dominio tuvo lugar la condena y la muerte de Jesús, y que además, siempre llevaban consigo las tropas romanas. Es, por lo tanto, un simple referente histórico que, desde siempre, han llevado las Cofradías, siendo errónea la colocación del mismo en el cortejo de nazarenos de la Virgen, pues María nunca fue sometida a condena alguna en nombre del “Senado del Pueblo Romano”. El Senatus está formado por un asta de plata o metal rematado por un águila imperial, y una corona de laurel, bajo los cuales se muestran las iniciales S.P.Q.R., normalmente en un paño de terciopelo con sus letras bordadas en oro, dependiendo de la riqueza de cada Hermandad el que esta insignia sea más o menos vistosa.

Vean como hasta una insignia de origen pagano, pues los romanos lo eran en la  época de Jesucristo, esa insignia decía, nos pone de manifiesto que fue durante el dominio de Roma sobre el pueblo hebreo cuando se produjo el deicidio, y que Pilato y su tropa no eran unos señores que pasaban por allí, sino que tuvieron arte y parte en la condena a muerte de Cristo.

En tercer lugar suele ir en el cortejo la Bandera, que en un principio era negra, pero que posteriormente, han devenido en llevar los colores de las túnicas de los nazarenos de cada Cofradía, cruzadas por una Cruz de color diferente. Esta Bandera representa a la que en los días de Semana Santa se tremolaba desde el Altar Mayor de la Catedral de Sevilla para inspirar en los fieles el sentimiento que debía causarles la Muerte del Redentor.

“Tremolar” es ondear, mover la Bandera de un lado a otro. Desde muy antiguo, los ejércitos vencedores tremolaban sus Banderas cuando alcanzaban la victoria sobre el ejército rival. El sentido simbólico de esta Bandera es evidente: El Cabildo de la Catedral de Sevilla efectuaba la ceremonia de tremolar la Bandera negra en los días de Semana Santa, que durante siglos se reducían a Miércoles, Jueves y Viernes Santos, aparte del Domingo de Ramos, claro está, como símbolo de la Victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado. El Señor, con su muerte, nos regala la vida, y ese es su Triunfo.

Del mismo modo que en Sevilla y en bastantes pueblos cercanos hay un paso alegórico de “La Canina”, donde un esqueleto se sienta sobre la bola del mundo al pié de una Cruz, de la que pende la leyenda “Mors mortem superávit” (La Muerte venció a la muerte), indicándonos que la Muerte de Cristo triunfa sobre la muerte humana liberándonos del pecado, también la tremolación de la Bandera en el altar mayor de la Catedral era una alegoría de este triunfo, rememorando, como he dicho,  la victoria de un Caudillo (Jesucristo) sobre el ejército del mal.

En consecuencia, y cuando veamos pasar en nuestro cortejo la Bandera negra y morada en el paso de Cristo y la Bandera blanca y azul en los tramos de la Virgen, no debemos ver en ellas un reflejo de las túnicas de los nazarenos, como a veces se piensa, sino el sentido más profundo y religioso que he tratado de explicar.

En nuestra Hermandad, a la Bandera negra le sigue el Guión Infantil. En las Cofradías, “Guiones” los hay de muchas clases y significados. Yo personalmente, a nuestro Guión Infantil lo llamaría mejor “Banderín infantil”, que también los hay de muchas y muy diversas motivaciones en las Hermandades, pero doctores tiene la Hermandad y no seré yo quien les indique como hay que llamar a las cosas.

Los Banderines, en este caso el Infantil, suelen tener por objeto testimoniar un hecho propio de una Hermandad en concreto. En nuestro caso se pone de manifiesto la existencia de un GRUPO INFANTIL, surgido a finales de los años 70 del pasado siglo, y que de una forma u otra, se simboliza en esa Insignia. No tiene mayor relevancia, aunque bueno es reflejar que la Hermandad del Cautivo no es sólo cosa de viejas o de adultos aburridos, sino que se cumple al aforismo de que “el arbolito, desde chiquitito”, y muy bien está lo de tener un Grupo Infantil que desde la primera edad vaya mamando el sentido de Cofradía que nosotros tratamos de darle.

Banderines famosos en otras Cofradías pueden ser el Banderín de Cataluña, en la Hermandad de la Hiniesta, en recuerdo de que la Virgen de la Hiniesta gótica, según piadosa tradición, fue descubierta entre unas retamas de Hiniesta en los montes de Cataluña, de donde fue llevada a Sevilla por el caballero catalán Mosén Per de Tous. O el Banderín del Beato Marcelo Spínola, en la Hermandad del Gran Poder de Sevilla, que se lleva en el cortejo para recordar que Don Marcelo Spínola y Maestre fue Párroco de San Lorenzo, hermano del Gran Poder, Arzobispo y Cardenal de Sevilla, y ya en nuestros días, elevado a los altares por Juan Pablo II como Beato, lo que pone de manifiesto los valores cristianos de un hermano de la Hermandad como ejemplo a seguir. Y en muchas Hermandades va el Guión de la Bolsa de Caridad que invita a los hermanos y a las personas que asisten a la procesión a la práctica de la Caridad cristiana, y más aún, nos señala que ese es uno de los pilares en los que sustenta la vida cotidiana de una Hermandad.

En el cortejo procesional de nuestra Hermandad del Cautivo sigue como quinta insignia el Guión Franciscano. Nuestra Hermandad fue constituida en el año 1948 bajo la tutela y protección de la Orden Capuchina, fundamentalmente a través del entonces Padre Guardían del Convento sanluqueño, el ilustre Fray Gonzalo de Córdoba. Desde el primer año de nuestra salida procesional, 1949, nuestros nazarenos ceñían su túnica con el cordón franciscano, tal como ahora seguimos haciendo. De ahí que los Capuchinos nos concedieran desde la época fundacional  el carácter de “Cordígeros”, es decir, seglares católicos próximos a la Orden de Franciscanos Menores Capuchinos, con rango inferior a los Terciarios, pero con derecho a usar algunos signos de la Orden, como éste del Cordón Franciscanos.

En la Cuaresma de 1984 nuestra Hermandad recibe el Título de “Franciscana” por concesión del Padre Fray Fernando Linares Fernández, Ministro Provincial de Andalucía, que entre otras cosas dice: “Después de haber consultado con nuestra Curia General, y teniendo en cuenta el Canon 304.2, tengo el gusto de comunicarles que pueden Vdes. denominarse Franciscanos, ya que de hecho, son Cordígeros”

Este Guión Franciscano vino a sustituir al primitivo Guión de Juventud, que años antes de esta concesión del Título de Franciscana a nuestra Hermandad, ya sacaba la Cofradía con el escudo franciscano a una cara, y una frase de San Francisco de Asís dirigida a los jóvenes en la otra cara, y que normalmente, era llevado y acompañado con varas por miembros del Grupo Joven.

En cualquier caso, no podemos perder de vista la esencia religiosa de esta insignia. Se pretende poner de manifiesto que el espíritu de San Francisco va con nosotros en la procesión del Jueves Santo, ese “Espíritu de sencillez, de amor a Nuestro Señor Jesucristo, a la Santísima Virgen, a los pobres y a la Iglesia que caracterizaron a San Francisco”, como se dice en otro párrafo del escrito de concesión del Título de Franciscana.

Con todo, no creo que sean suficientes ni las palabras de Fray Fernando Linares en su carta, ni la presencia de esta Insignia en nuestras Procesiones y algunos Cultos internos. Si cada viernes del año, al rezar la Oración de San Francisco antes de terminar nuestra Misa de Hermandad, no nos imbuimos de las palabras del Santo de Asís, no interiorizamos hasta lo más hondo de nuestro corazón el sentir de sus palabras franciscanas, estaremos paseando una Insignia, pero no haciendo honor a ella. Y en la Oración de San Francisco es mucho lo que decimos, lo que pedimos y a lo que nos comprometemos. Si ahora, al terminar esto que os estoy largando, en la Misa de Hermandad de hoy, reflexionamos acerca de las palabras de San Francisco y las hacemos nuestras, entonces sí que podremos llevar a gala el Guión Franciscano en nuestra Cofradía.

El cortejo de Cristo se cierra con el Estandarte de la Hermandad. Son mayoría las Hermandades que el Estandarte lo llevan como última insignia del cortejo, es decir, en el último tramo que precede a la Virgen, pero también es frecuente, y más en Sanlúcar, que el llamado “Lábaro” vaya entre los nazarenos del Cristo.

¿Qué decir del Estandarte? Pues ni más ni menos que es la insignia más representativa de la Hermandad. Por eso debe estar presente en TODOS los actos de Culto de la misma, en la Protestación de Fe, en la Jura de nuevos hermanos, y en otros actos solemnes de la Hermandad, ocupando lugar preeminente sobre las demás insignias. Y ello ¿Por qué? ¿Porque somos los más “chulitos” o los más grandes?

Comprenderéis fácilmente que no es ese el motivo. La Hermandad se representa de dos formas: A nivel colectivo, como Institución, a través de su Estandarte. A nivel individual, de cada persona, a través de la Medalla que debemos portar colgando del cuello sobre el pecho. Y el Estandarte es la insignia más importante porque representa a las Reglas o Estatutos de la Cofradía, aquello que da carta de naturaleza a la Hermandad, lo que nos otorga carácter de HERMANDAD Y COFRADIA.

El Estandarte, es conocido frecuentemente como Lábaro, cuando en realidad el Lábaro es una bandera recogida sobre un asta de plata o metal y sujetada al mismo por un cordón de oro, mientras que el Estandarte es una pieza plana, bordada sobre terciopelo, y con forma de “bacalao”, de ahí que en muchos lugares de Andalucía al estandarte se le conozca con este nombre de bacalao. Los bordados sobre el terciopelo suelen ser en oro y sedas de colores, y algo que no puede quedar ausente del mismo es el escudo de la Hermandad. Nuestro escudo primitivo es el que muestra la Cruz de Santiago, y en el centro de la misma,  una placa dividida en tres cuarteles. En uno de ellos se muestra el escudo franciscano, en otro el escudo de Sanlúcar de Barrameda, y en el otro, el escudo de la orden trinitaria redentora de cautivos, en recuerdo de haber sido el Cristo Nazareno de Medinaceli de Madrid (El Cautivo) rescatado a los moros por los trinitarios tras apoderarse de su imagen en uno de sus asaltos a la ciudad de Ceuta.

Es evidente que en nuestro estandarte están todos estos símbolos, más la Estrella que da nombre a nuestra Sagrada Titular, aunque no formando propiamente el escudo de la Hermandad. Fray Ricardo de Córdoba hizo una interpretación personal de nuestro escudo, y lo reflejó en su proyecto de Estandarte, que ahí está.

Pero no nos centremos en si nos gusta mucho o poco la propuesta de Fray Ricardo llevada a la práctica. Tenemos que quedarnos con la ESENCIA de lo que significa esta insignia. Y si el Estandarte de la Hermandad representa la presencia de ésta, debemos discernir si nuestra vida cofrade está en consonancia con las esencias de la Hermandad, que se asienta sobre las tres patas que ordenan sus Reglas: Culto, Formación y Caridad. A partir de aquí, podremos hablar de Hermandad. Si no participamos del Culto, si no nos formamos y si no practicamos la Caridad, seremos cualquier cosa, menos una Hermandad. De ahí la importancia de que le demos a esta insignia, como a todas las demás, un sentido preciso, para que luego, una vez puesto en la calle, nuestro cortejo no sea una retahíla de banderas, escudos y guiones sin mucho sentido cristiano, sino el testimonio de que somos un grupo numeroso de cristianos cofrades realizando una manifestación de Fe por las calles de Sanlúcar.

 

 

Pasando a los tramos de nazarenos que preceden a la Santisima Virgen, vamos a detenernos en las insignias que llevan en el cortejo.

La primera de ellas es la Cruz Parroquial, que no es como la Cruz de Guía, pero en la Virgen y de tamaño más pequeño, sino que es la representación de la antigua “manguilla”, que los niños de mi época veíamos en los entierros acompañando al féretro desde las Parroquias hasta según qué lugar, fuera el entierro de primera, de segunda o de tercera categoría. Esta Cruz significa la presencia de la Parroquia, como Ente espiritual y pastoral de superior jerarquía, dentro de la Hermandad. Si bien soy defensor a ultranza de la soberanía de las Hermandades para decidir acerca de lo que es propio de las mismas, sin que a mi juicio, se deba renunciar un ápice a su independencia respecto de ningún poder, sí debemos tener claro, y yo el primero, que como sujeto de una actividad espiritual y pastoral, la Hermandad debe estar sometida y arraigada a la institución parroquial, formando parte de la misma, un cuerpo común con ella, para que nunca se caiga en la tentación de “ir por libre” en cuestiones de Pastoral. Antes bien, como “Entidades cristianas de derecho público” que han sido declaradas hasta por la Santa Sede, quedamos sujetos a las normas, pautas y consejos pastorales de la Parroquia, y cualquier salida de ese cauce sería un desmadre sin sentido cristiano alguno.

De ahí que me sorprenda que algunos nos señalen como “afortunados” por no estar en una Parroquia, como si la Parroquia fuesen los muros y las bóvedas de la Iglesia donde se ubica la Pila Bautismal. En sentido amplio y actual, la Parroquia es todo el territorio parroquial, toda la feligresía, todos los laicos que estamos vinculados a este territorio, y por ello, la Hermandad ha de ser Parroquia y vivir en sintonía con ella. Eso lo proclamamos nosotros llevando como primera insignia tras el Señor y su penitencia la Cruz Parroquial. Cada Jueves Santo ratificamos en la calle que pertenecemos a una Parroquia, en este caso a la de Nuestra Señora del Carmen, y la mejor forma posible de acreditarlo es llevando la Cruz Parroquial ese día y siendo consecuentes con la Pastoral que Don José, nuestro Párroco, indica en cada momento.

Otra cosa sería si en alguna Hermandad, el Párroco indicase poco más o menos de qué color han de ser las flores de los pasos o como debe ser el uniforme de los músicos, sé que son exageraciones pero las pongo de manifiesto para que comprendamos todos que una cosa es la soberanía de la Hermandad en sus asuntos propios y otra muy distinta la subordinación a la Pastoral Parroquial.

Viene después la Bandera Blanca cruzada por la cruz azul, en paralelismo a la bandera negra y morada que los nazarenos del Señor llevan en sus tramos. Como veis, la tendencia a representar el color de las túnicas de los nazarenos vuelve a primar sobre el significado de la Bandera y sus orígenes en las Cofradías. Valga de recordatorio aquí esta referencia, aunque no debemos pasar por alto que en algunas Hermandades, a una bandera blanca con una cruz azul-celeste se le denomina “Bandera Concepcionista”, siendo esto a mi juicio erróneo, ya que para rendir tributo a LA SIN MANCHA existen dos insignias que trataremos en su momento, por lo que no cabe tirar por la calle de en medio y denominar Concepcionista a una tela por mucho que en ella exista el color azul-celeste de las Inmaculadas de Murillo.

Viene a continuación la Bandera de la Santa Caridad. Vamos a tratar de explicar su presencia en nuestra procesión.

La Hermandad de la Santa Caridad y Pobres Desamparados, con fecha 3 de marzo de 1949, comunicó oficialmente a nuestra Hermandad que habían aceptado la solicitud de residencia canónica en la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados, que previamente les habíamos efectuado. El convenio suscrito entre ambas instituciones, regulando la convivencia en la nueva sede, ya estaba firmado desde el día 10 de febrero anterior, pero es en la primera de las fechas citadas cuando la Santa Caridad certifica dicho convenio.

Desde ese momento, han transcurrido ya sesenta y cuatro años, muchos de ellos de coexistencia plácida, otros con algún pequeño problema que ¡donde no surge! Lo importante es que nos encaminamos a los tres cuartos de siglo cobijados bajo los mismos muros que vieron la llegada del Cautivo y de la Estrella a Sanlúcar.

¿Justifica ello que una insignia de una Hermandad distinta a la nuestra figure en nuestro cortejo, y llevada por nazarenos de nuestra Cofradía? A mí particularmente hay algo que no me cuadra, pero he de entonar un “mea culpa” importante, ya que en su momento, fui el promotor de que esta Bandera, o la anterior a esta, saliera en nuestro cortejo. En aquel momento lo hicimos por carencia de insignias adecuadas para separar a los nazarenos por tramos, como también recurrimos algunos años a una representación de la Hermandad de los Dolores.

En el convenio suscrito entre ambas Hermandades, y en la clausula 12ª del mismo, se dice literalmente que “En todos los actos religiosos y de pública ostentación, de ambas instituciones, tendrán representación adecuada y mutua las Hermandades concertantes, con el único carácter de etiqueta y debida consideración” y de ahí que no termine muy bien de entender que la Bandera de la Santa Caridad vaya en nuestro cortejo “con carácter de etiqueta”. Pero doctores tienen ambas Hermandades para determinar lo más oportuno. Por lo demás, no hay nada que agregar al significado de esta Bandera, propia de las Instituciones acogidas a las enseñanzas y el ejemplo del gran Miguel de Mañara.

A continuación sigue una de las insignias más interesantes del cortejo y de más honda raigambre en nuestras Cofradías. Es la Bandera Concepcionista, de la cual vamos a hablar unos momentos.

Las Cofradías, desde mucho antes de proclamarse el Dogma de la Concepción Inmaculada de la Virgen María, ya desde el siglo XVI, aclamaban piadosamente a la Virgen  como exenta de la original culpa en su Concepción privilegiada. Estaba esta creencia tan arraigada en los cofrades sevillanos y de su Archidiócesis, a la cual pertenecíamos, que sin ser Dogma como tal era tenida por las Hermandades. Desde 1613 se extiende el uso del Simpecado para hacer patente esta devoción inmaculista, tal y como conocemos hoy a dicha insignia en las Hermandades de Gloria, fundamentalmente, del Rocío, pero también en muchisimas Hermandades de Penitencia.

Pero la Bandera Concepcionista sí está referida al Dogma proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, el cual en nombre de la Iglesia, declara que la Virgen María fue concebida sin el pecado original de todo ser humano. De ahí que en la Bandera Concepcionista, sobre el fondo azul celeste de terciopelo o de raso, vaya bordada la leyenda de “María Concebida sin pecado original”, bien en castellano, bien en latín. Esta Bandera se sostiene sobre vara de plata o metal cincelado, y suele ir rematada lógicamente por una pequeña imagen de la Virgen Inmaculada.

Llegado este punto, es necesario diferenciar entre esta verdad dogmática de que María, como futuro sagrario de Jesús, fue preservada de pecado alguno ya que no sería digno del mismo Dios que este se encarnara en el vientre de una mujer que llevase en sí ese pecado original del que habla nuestra religión, de la Virginidad de María antes, durante y después del parto. La Inmaculada Concepción no está referida a que Jesucristo fuese concebida en el vientre de María sin intervención de varón, pues esa verdad está recogida en los Santos Evangelios de nuestra Fe, sino que se trata de que la propia persona de María fue preservada en su encarnación de pecado alguno, como según nuestra Religión, ha sucedido con todos los demás humanos.

Cuando hacemos la Protestación de Fe el día de la Función Principal de Instituto, juramos sobre los Evangelios y las Reglas de la Hermandad creer y defender no solo las Verdades proclamadas en el Credo, sino también, CUANTOS DOGMAS NOS ENSEÑA LA IGLESIA, y entre ellos hacemos referencia al de la Inmaculada Concepción de María. Algunos de nosotros, por rutina, otros de manera inconsciente, otros por hacer lo que hacen los demás, vamos hasta el altar en ese día (el más importante del año, más aún que el Jueves Santo) y juramos lo que haga falta, porque para eso somos hermanos, y “viva la vijen de aquí”. Sin embargo, hay ocasiones en que nos tomamos a broma o a pitorreo esto de la Concepción Inmaculada o aquello de la Virginidad de María al tener en su vientre a Jesús sin intervención de varón. Pensemos si somos o no consecuentes con nuestra Fe. Esas son las verdades que nos enseña nuestra Iglesia Católica. En consecuencia, o somos o no somos, o creemos en ellas o no creemos, pero no hagamos, por favor, el paripé de jurar algo en lo que no creemos.

Lo que subyace en estas dudas es la tendencia a construirnos cada uno nuestra propia moralidad. Perdonad que utilice estas palabras, pero creo que la ocasión lo exige: Podríamos decir algunos o muchos de nosotros que “dificilmente voy a creer en la virginidad de María o en su Concepción Inmaculada, si yo dejé de ser virgen a los quince años”, y además me encantó dejar de serlo, porque me lo pase estupendamente, dicho esto sin sombra alguna de machismo pues la virginidad o la castidad se entiende en ambos sexos. Yo, en 2013, no voy a venir a la Hermandad a dar un plus a los jóvenes que mantienen la castidad o a censurar a quienes hacen de su capa un sayo. ¿Quién soy yo, pecador tremendo, para juzgar la moralidad de los demás? ¿Cómo voy a censurar en los demás, sobre todo en los y las jóvenes, unas actuaciones que luego yo, en otras facetas, llevo a cabo con mucha mayor oposición a las Leyes cristianas?

Jóvenes de la Hermandad, la figura de María es el ejemplo a seguir, pero aquel o aquella que sucumban a la tentación, no se den por derrumbados. Dios es infinitamente misericordioso, perdona todos nuestros fallos, todas nuestras culpas, y nunca, nunca, condenará a quien haya sucumbido a una tentación por el simple hecho de haber sucumbido. Lo que nos condenará, en cualquier caso, es la soberbia de no reconocer que somos pecadores y que como tales, fallamos muchas veces y caemos fácilmente en las tentaciones.

Por lo demás, María, la Virgen María, es una excepción absoluta en la historia de la humanidad, Madre de Dios y Madre nuestra, a la que orgullosamente proclamamos como Sin Mancha alguna, llevándola como tal en nuestro cortejo en la Bandera Concepcionista.

Y para aquellos que duden de la posibilidad de que María no pudiera ser Virgen antes, durante y después del parto… Ya se dice en el Evangelio: “Para Dios no hay nada imposible”. Si Jesús resucitaba a los muertos, curaba a los enfermos, caminaba sobre las aguas, multiplicaba los panes y los peces… ¿qué obstáculo iba a tener Dios-Padre todopoderoso para que en la Virgen se hiciera este prodigio de su virginidad o de su Concepción Inmaculada?

Lo dicho: Somos libres de creer o no creer, pero sobre todo, hemos de ser consecuentes y actuar según decimos que somos, pensamos o creemos.

La última insignia de nuestro cortejo es el Libro de Reglas. En el mismo, con tapas de rico terciopelo recamado de plata labrada, se contienen las constituciones de nuestra Hermandad, la normativa por la cual ha sido aprobada, constituida y reconocida por la Santa Madre Iglesia. A veces, en aras a un ahorro mal entendido, el Libro de Reglas lleva tan solo unas hojas en blanco, cogidas con un broche de tapa a tapa de la cubierta. Sería urgente que el Libro de Reglas contuviese precisamente eso, las Reglas de la Hermandad. En las dos primeras hojas, cara a cara, deben ir las dos imágenes titulares de nuestra Hermandad, a la izquierda el Cristo y a la derecha la Virgen, pintadas a acuarela o mediante técnica apropiada. Tras esta doble página, la leyenda de: “Reglas por las que se rige la…” y a continuación, los Títulos completos de la Hermandad. Y en las páginas siguientes, todo el articulado de las Reglas. Toda esta escritura debería hacerse en escritura artística, lo cual en la actualidad resulta fácil por cualquier técnica informática que se utilice. Y por último, ha de ir recogido el Decreto de aprobación de dichas Reglas, que es el que da validez a las mismas.

El nazareno que porta las Reglas, habitualmente, es el Secretario primero o segundo de la Hermandad, y en sus manos, en lugar de llevar una vara igual a los de nazarenos de acompañamiento, debe llevar una pértiga que le dé carácter específico a este nazareno que custodia el texto más importante de la Hermandad: Sus constituciones.

Una penúltima moralina: Llevar el Libro de Reglas de la Hermandad en el cortejo no es lucir una artística obra de un orfebre. El Libro de Reglas se ostenta en señal de acatamiento a las mismas. De ahí que sea urgente y necesario que en un nuevo curso formativo, se exponga a los hermanos el conocimiento de las Reglas, ya que no se puede acatar aquello que no se conoce, y si se acata, se hace sin sentido y sin responsabilidad alguna. Acabemos ya con las apariencias, y vayamos al grano de lo esencial. Seguro que nos irá mucho mejor.

 

 

 

Naturalmente que no acaba aquí la larguísima serie de insignias que se muestran en los cortejos procesionales de las Hermandades. Pero el tiempo es limitado, y solo podemos hacer referencia ,muy puntual de algunas de las que nos quedan por repasar.

La más importante de todas es el Guión Sacramental, que en algunas Hermandades, como la sanluqueña de los Estudiantes, no es Guión, sino Estandarte. Esta Insignia es propia de las Hermandades Sacramentales, y delata que entre sus fines se encuentra el de rendir Culto especialisimo al Santísimo Sacramento del Altar. En Sanlúcar hay actualmente dos Hermandades Sacramentales, Los Estudiantes y la Sagrada Cena, aunque la Hermandad de la Esperanza también intentó ser Sacramental en los años 90, e incluso tuvo Guión Sacramental.

También es notable la presencia en muchos cortejos, naturalmente que en los tramos de la Virgen, de la Bandera Asuncionista, que a semejanza de lo que ocurre con la Bandera Concepcionista, viene a proclamar la creencia en el Dogma de la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma, realizada por el Papa Pio XII el día 1 de noviembre de 1950, y que consiste en la autenticidad de la creencia de que a la muerte de la Virgen, su cuerpo y su alma fueron elevados al cielo para tener en él su morada eterna. La Bandera Asuncionista suele ser de terciopelo, raso o tisú de color blanco, llevando bordada en oro la leyenda alusiva a esta Asunción.

Muy importante también para muchas Hermandades es la Bandera amarilla y blanca, que pone de manifiesto que una Hermandad tiene entre sus Títulos el de Pontificia, es decir, el de haber sido aprobada, reconocida o bendecida espiritualmente de manera especial por algún pontífice romano. Esta bandera, de notables proporciones, va dividida en dos mitades con los citados colores, por ser los mismos los del Estado Vaticano, y en su centro lleva bordadas en oro la tiara y las llaves, como símbolos del primer Papa de la cristiandad, el Apóstol San Pedro.

Esto ha sido todo, mis queridos amigos. No es mala cosa esta de terminar pronunciando el nombre de San Pedro, porque como él, muchas veces habremos negado a Cristo con nuestras palabras o nuestros hechos, pero también como él, y en la medida de nuestras posibilidades, sobre las piedras que pisamos hemos de construir, entre todos, la Iglesia de Jesucristo, como el mismo Señor le indicó a su Apóstol predilecto.

Sanlúcar de Barrameda, 25 de enero de 2103

Miguel Angel Zambruno Cerdán.

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thumb cristovirgenFervorosa, Humilde y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo,  María Santísima de la Estrella, Madre de la Iglesia, y San Francisco de Asís.