Domingo, 06 24th

Last updateLun, 16 Abr 2018 10pm

El Primer Besamanos

estrella-grande3
EL PRIMER BESAMANOS DE LA VIRGEN DE LA ESTRELLA


Aproximándose la fecha del Solemne Besamanos de nuestra Titular, María Santísima de la Estrella, he recordado con gozo y satisfacción el momento en el que por primera vez, la Señora dio sus manos a besar al pueblo de Sanlúcar.



Desde 1969, la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad o una comisión de la misma, se trasladaba todos los años a Alcalá del Río con objeto de ir saldando la deuda pendiente que desde 1967 se tenía con la Hermandad de la Vera+Cruz de dicha localidad, y que tenía su origen en la adquisición de los candelabros de cola del paso de la Virgen, que habían sido los primitivos de la Amargura de Sevilla (y así figuraron en la Exposición de tan señera Hermandad en el Círculo Mercantil de Sevilla el año 2011), pasando luego a la de Montesión y de ésta a la citada Cofradía alcalareña. Nuestra Hermandad atravesaba momentos difíciles desde el punto de vista económico, y el pago de dichos candelabros de cola se dilató más de lo previsto…

Pero ello nos dio ocasión de ir durante varios años a Alcalá del Río… y de paso, a visitar en Sevilla a nuestra Hermandad hermana, la trianera del Señor de las Penas y la Virgen de la Estrella. Esta visita se convirtió en algo casi ritual, de manera que cada año depositábamos unos ramos de flores a los pies de las Sagradas Imágenes sevillanas y éramos recibidos por otra representación de la Junta de Gobierno de esta gran Cofradía trianera.

De esta forma se fueron estrechando lazos entre ambas Hermandades, que tenían en común su devoción a la Virgen de la Estrella, y por este conducto, conocimos en su Casa de Hermandad multitud de fotografías que adornaban sus paredes, entre ellas, unas muy curiosas de nuestro Cautivo y de nuestra Estrella, que desde 1966 recordaban a los visitantes de tan hermosa Casa los vínculos surgidos ya en ese lejano año. Pues bien, hasta tal punto fue profundizándose en los lazos de Hermandad de ambas Corporaciones, que el día 8 de diciembre de 1972 se celebró una grandiosa convivencia entre los cofrades trianeros y los de nuestra Hermandad, a la que acudieron dos autobuses llenos de hermanos de la Estrella para pasar el día de la Inmaculada con nosotros, presididos por dos cofrades de pro, Don José María Domenech Romero, sanluqueño de nacimiento y trianero de adopción, y Don Rafael Medina García de la Vega, Hermano Mayor de la de Sevilla, ambos ya fallecidos.

La convivencia consistió en una visita de respeto a la Virgen de la Caridad, a cuyos pies la comitiva sevillana depositó un ramo de flores. Siguió la celebración de la Santa Misa en la Iglesia de los Desamparados, a cuyo efecto, la Virgen de la Estrella había sido colocada en el altar mayor, y oficiando la Eucaristía el Rvdo. Fray Agustín López, dominico de San Jacinto y Director Espiritual de la Estrella. Tras ello, nos desplazamos a la Parroquia del Carmen, en cuyo Salón Parroquial y “corredor” (por no caber los asistentes en aquel) se celebró la parte “seria” de la convivencia. En la misma, Rafael Medina nos habló de “La Virgen de la Estrella, devoción de Sevilla y de Andalucía”, y por la Hermandad de Sanlúcar, habló el que suscribe, que contaba entonces 21 años de edad, exponiendo el tema “La necesidad de la formación en el cofrade actual”, referido al cofrade de 1972, claro está.

Ya pasadas las dos de la tarde, y en la misma Parroquia del Carmen, se sirvió una copa de manzanilla (bueno, unas cuantas…) en un embotellado especial que se hizo de la Manzanilla “Clásica”, de la Bodega de Florido Hermanos, acompañada de los correspondientes aperitivos de los que se dio buena cuenta porque éramos casi doscientas personas las allí congregadas. Fue, sin duda alguna, uno de los días más emotivos de la Historia de nuestra Hermandad.

En la Cuaresma del año siguiente, nuestra Hermandad fue distinguida con la dedicación de uno de los días del Solemne Quinario de la Hermandad sevillana, siendo la única Hermandad no sevillana que ha gozado de dicho privilegio. Fue también un día especial que merece por sí sólo otro capítulo de nuestra Historia. Pero conviene citarlo para que se comprenda cómo y por qué fueron tan estrechas nuestras relaciones.

Y bien… ¿Qué tiene que ver todo lo narrado con el primer Besamanos de Nuestra Señora? Pues hermano lector, si tienes un poco de paciencia y sigues leyendo, creo que lo vas a entender a la perfección.

En esos años de visitas y de convivencias, uno de los aspectos que más nos llamó la atención eran las fotografías y las descripciones que nos hacían los hermanos trianeros del Solemne Besamanos de la Santísima Virgen de la Estrella. Yo mismo, en mis años de estudios en Sevilla, no faltaba nunca a este singular Besamanos, hermosísimo en San Jacinto como gran templo dominico, y de ahí la insistencia que tanto Rafael Medina, como Juan Silverio, como Pepe y Paco Pérez Cubillana, como Fernando Balseras, como los Lencina y demás conocidos de la Junta de Gobierno nos hacían para que pusiéramos a nuestra Estrella en Besamanos.

No era fácil el intento, porque en Sanlúcar sólo se celebraba el Besamanos de la Virgen de los Dolores como culminación de su Septenario. Pero he aquí que dándose la circunstancia de que la Semana Santa de 1973 caía tarde (19 de abril, Jueves Santo), y de que el 30 de marzo la Hermandad trianera celebra la Festividad Litúrgica de la Virgen de la Estrella, propuse a mis compañeros de la Junta de Gobierno que aprovechásemos esa circunstancia para exponer a la Santísima Virgen de la Estrella en ceremonia de Besamanos en ese día que, para mayor redondeo, caía en Viernes, día semanal de la Hermandad.

Y acordada la celebración del evento, pusimos manos a la obra. Teníamos un manto de camarín de terciopelo rojo, que le habíamos regalado a la Virgen unos cuantos hermanos, que se pensaba estrenar después de Semana Santa. La Señora Camarera, Dª Eloisa Alcón, regaló una toca de sobremanto de malla de oro. Y con la saya que decíamos de tisú de oro y sobre mullida alfombra, pusimos a la Virgen a los pies del Presbiterio. Cuando las señoras que cada viernes acudían –y siguen acudiendo- a la visita al Cautivo veían a la Virgen de tal manera, con seis cirios a sus lados, con cuatro hermosos ramos de claveles blancos en las primitivas ánforas de la Hermandad, y tan bella y cercana como nunca la habían visto, todas caían rendidas ante la Madre del Cautivo.

Se fue corriendo la voz por la Sanlúcar cofrade de aquella época, y a media tarde, la Iglesia era un hervidero de personas queriendo participar de esta efemérides. Creo que pocas veces –si ha habido alguna- se encendieron tantas luminarias delante de nuestra querida Imagen. Y desde media mañana, al ver el éxito del Besamanos, fui improvisando sobre unas cartulinas que iba colocando sobre los muros de la Iglesia, unos fragmentos del soneto que Daniel Pineda Novo le había dedicado a la Virgen, y que aún estaba inédito, porque se iba a dar a conocer en el Pregón de la Semana Santa de ese año, que pronunciaría dicho Académico sevillano. Yo rotulé como pude los dos cuartetos y los dos tercetos del soneto en cuatro cartulinas, añadiendo en otras varias loas y alabanzas a la Virgen que, aunque hoy nos resultarían bastante cutres, a todos nos parecieron entonces cánticos devocionales hermosísimos.

Cuando llegó el momento de dar por terminado el Besamanos, algunos de nosotros teníamos lágrimas en los ojos, otros brindaban por el feliz día vivido y todos, en general, nos sentimos hijos de tan Buena Madre con mayor intensidad que nunca, porque le habíamos besado las manos y se las habíamos dado a besar a todo el pueblo de Sanlúcar.

¡Bendita seas, Virgen Santísima de la Estrella, que me permites evocar tales momentos casi cuarenta años después de esa hermosa celebración!

Miguel Angel Zambruno.

Contáctanos

  • Dirección: C/ Virgen de la Estrella, 7
    11540 Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) España
  • Tel: 956 36 00 03

La Hermandad

thumb cristovirgenFervorosa, Humilde y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo,  María Santísima de la Estrella, Madre de la Iglesia, y San Francisco de Asís.